miércoles, 6 de mayo de 2015

El sombrero

Busqué mis lentes desesperada -¡Caramba, donde chingados los había dejado esta vez!- siempre ocurría lo mismo. Cuantas veces no me había pasado por la cabeza usar un pegamento resistente en mis orejas para que no se me volvieran a perder. Reí ante la sola idea de llevar a cabo esa locura. De pronto recordé, tenía que darme prisa porque la tintorería la cerraban a las cinco y aun tenía que recoger el sombrero de mi viejo. ¡Hay papá ! -pensé- bendita idea la tuya de encargarme esta tarea a ultima hora. Pero bueno, no había de otra, tenía que hacerlo. Por fin encontré los malditos lentes y me fui de prisa. Al llegar al local, estaban echando llave en ese preciso momento. -Por favor- le dije al dependiente -¡Se lo suplico, solo entrégueme el sombrero! Le juro que realmente lo necesito. El hombrecillo frunció el ceño, lanzó un gruñido, dio media vuelta y se alejó ignorando mi pedido. Minutos después, me encuentro a un lado de mi padre. ¡Lo siento - le digo- con apenas un susurro, tendrás que irte sin el... Y lloro desconsolada ante su ataúd, en parte por no haber podido cumplir su última voluntad, en parte por el dolor de su ausencia.

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