domingo, 7 de junio de 2015

Culpable

-¡Silencio!- gritó el juez al tiempo que daba un fuerte golpe con su mazo -¿Comprende usted porque está aquí?- preguntó con un tono cansino -Si, me acusan de matar el tiempo- De nuevo se escuchó un gran murmullo en la sala proveniente de todos los espectadores que ahí se encontraban -¿Bien, y cómo se declara?- interrogó una vez mas -¡Culpable!, Si señor, soy culpable de matar el tiempo. Lo mate en una noche fría frente a una taza de café con un libro de Borges como único testigo. Lo se, fue un crimen aberrante y sin perdón, pero como disfrute cada palabra que leía mientras los minutos pasaban con lentitud. Algunos dirán que fue sadismo la manera en que goce cada punto, cada coma, cada verbo conjugado. -¿Que sí me arrepiento?- ¡No!, Y pido de castigo cadena perpetua porque estoy seguro que lo volveré a hacer. Fue tal la elocuencia del acusado que por un buen tiempo nadie habló.