lunes, 11 de mayo de 2015

Mi mundo imaginario

Cuando era pequeña me gustaba inventar historias. En ese mundo imaginario, yo podía crear lo que quisiera con solo pensarlo. Podía aparecer y desaparecer a las personas que de alguna manera irrumpían en mi vida y me hacían sentir feliz o infeliz. También me hice amiga de los seres más peculiares y divertidos que sólo existían en mi imaginación como aquellos gnomos pequeñitos con orejas grandes que hablaban un idioma extraño, que sólo yo podía descifrar por medio de unos códigos secretos, los cuales me eran entregados cuando los adultos estaban distraídos. Hablé con las flores, las nubes y las estrellas, meciéndome en aquel columpio que me esperaba impaciente a la llegada de la escuela. Coleccioné hormigas y comí cacahuates con cáscara a sabiendas de que no me pasaría nada, ya que antes de hacerlo, bebía unos polvos mágicos que me daban poderes y me hacían inmune a todo. Busqué monstruos debajo de la cama cada noche, pero no podían hacerme daño porque a mí lado estaba el hada más brillante que pudiera existir jamás y ahuyentaba a cualquier ser maligno que intentará molestarme. Mi mundo imaginario desapareció conforme fui creciendo. Gente realista me dijo que los duendes no existían y estos desaparecieron de mi vida como una pompa de jabón. También me dijeron que las flores, las estrellas y las nubes eran cosas inertes que no tenían voz propia y un día... ya no pude escucharlas. Además, aprendí que las hormigas pican y sacan ronchas y los cacahuate me empezaron a causar alergia. Comencé a tener miedo de los monstruos debajo de mi cama ya que mi hada desapareció un día ¡así, sin mas!, y las personas comenzaron a lastimarme al perder mi poder para desaparecerlas. Por muchos años me volví una persona realista para poder encajar en un mundo normal y rutinario. Un mundo, donde es normal ver a la gente peleando en nombre de una creencia religiosa y es aceptada la desigualdad entre los seres humanos por culpa de raza, genero o nacionalidad. También es de lo más normal la discriminación por las preferencias sexuales, por no tener un brazo, una pierna, por no tener dinero para comprar ropa de marca o no traer un buen coche. En este mundo normal se vale criticar al vecino, ignorar al desvalido, reírse de los que son diferentes y abandonar a los animales, a los niños y a los ancianos. En este mi mundo normal no hay tiempo para oler las flores, admirar las estrellas, platicar con la luna, caminar sobre el césped o bailar bajo la lluvia. Pero ahora, la edad me ha permitido darme cuenta de que al nacer mujer se me otorgó un espíritu mágico que me ha dado el poder de crear, y tanto ha sido la fuerza de mi esencia femenina que he podido crear vida. Soy una maga natural y quiero ejercer el derecho de usar mi propia magia para rescatar de nuevo las delicias de mi mundo imaginario. Sólo que ahora con la madurez, en el ya no hay duendes ni hadas. En mi mundo imaginario de hoy, me he dado cuenta que yo soy tu y tu eres yo y que ambos formamos parte de la misma obra de arte. Aquí, todos somos creadores de nuestra realidad y somos capaces de convivir en armonía porque sabemos que hay espacio para cualquier deseo, sueño o fantasía. Aquí hay espacio para la risa, para el abrazo, para hablar sin necesidad de decir mentiras porque sabemos que no seremos juzgados. Entendemos que siempre habrá diferencia de opiniones y las aceptamos como parte natural de la vida sin necesidad de vivir disgustados con los demás. Aquí, el miedo no existe porque ha sido remplazado por el amor. Tenemos tiempo de observar el cielo y deleitarnos con todo lo que nos regala en una sola noche; nubes, estrellas fugaces y una luna brillante puesta ahí para iluminar nuestro camino. También tomamos baños de luna y sol porque comprendemos el poder de la energía que estos nos dan. En mi mundo imaginario los adultos aprendemos de los niños y no desmentimos sus creencias, si los dejáramos a ellos crear nuestro mundo con su imaginación, viviríamos en un mundo muy divertido, viajaríamos en ballenas en lugar de barcos, comeríamos pizza y nieve de chocolate todos los días sin engordar, los animales salvajes serian nuestras mascotas, la luna sería de queso y viviría un conejo real en ella. Las diferencias con los demás las solucionaríamos con una guerra de almohadas y nos reconciliaríamos con un -"Perdóname, no lo quise hacer"- para después seguir jugando como sí no hubiera pasado nada. Mientras las cosas en este mundo real se encuentran en proceso de cambio, yo seguiré soñando en mi mundo imaginario esperando pacientemente a que llegue el momento en que mi creación... se vuelva una realidad.

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